Entre la multitud había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con hemorragias.Había sufrido mucho en manos de muchos médicos, y había gastado todo cuanto tenía sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor. Esta mujer, al saber lo que se decía de Jesús, se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa. Porque pensaba: “Tan sólo con que toque su capa, quedaré sana.” Al momento se detuvo su hemorragia, y sintió en el cuerpo que ya estaba sanada de su enfermedad. Marcos 5:27-29
Esta mujer por muchos años había padecido una enfermedad. Había hecho todo lo que conocía que podía hacer pero nada le había resultado. Pero hubo algo que cambió su destino, hubo algo que fue diferente que despertó en ella una nueva esperanza.

































